¿Zapatillas diferentes para hombres y mujeres?

El tema de si las zapatillas de running deberían ser distintas para hombres y para mujeres tiene muchas facetas: anatómicas, biomecánicas, sensaciones subjetivas, marketing… En este artículo exploraremos los mecanismos, lo que han encontrado los estudios recientes, ventajas, limitaciones, recomendaciones prácticas, y una conclusión clara.

¿Qué diferencias anatómicas y biomecánicas existen entre hombres y mujeres?

Antes de ver si las zapatillas deben ser distintas, conviene entender qué diferencias físicas pueden implicar que sí lo necesiten:

En general, las mujeres tienen menor masa corporal, menor altura, diferente distribución de masa muscular, pies proporcionalmente más estrechos en el talón y distintos perfiles de arco plantar. Estudios recientes indican diferencias en la activación muscular, en la cinemática de cadera, rodilla y pie.

Hay diferencias en el ángulo Q (ángulo que forma la línea del cuádriceps hacia la rótula y la tibia), mayor en mujeres al tener caderas más anchas, lo que puede afectar la alineación de la pierna, la tendencia al valgo de rodilla, a variaciones de rotación de cadera, etc.

Diferencias en la mecánica del pie: arco plantar, anchura del talón respecto al antepié, perfil de pronación / supinación, rigidez de tejidos, etc. Los tejidos conectivos también pueden mostrar distinta elasticidad, rigidez, respuesta al estrés, etc.

¿Qué muestran los estudios sobre calzado “diferenciado por sexo”?

Aquí vemos lo que la investigación más reciente ha encontrado al comparar directamente zapatillas hechas para mujeres frente a versiones masculinas, y si esas diferencias anatómicas se traducen en beneficios reales.

Estudios de biomecánica directa

Un estudio de Rasmussen et al. (2022) comparó zapatillas masculinas y femeninas del mismo modelo (Altra Torin Plush 4) en corredoras recreacionales. Las diferencias en diseño nominal eran: ancho del talón diferente, longitud/arco diferente, ángulo de la plantilla bajo los metatarsos, etc. Se midieron variables como fuerzas de reacción al suelo (GRFs), ángulos articulares en plano sagital, momentos articulares, consumo de oxígeno, percepción de comodidad. Resultado: no encontraron diferencias significativas en biomecánica, fisiología ni percepción de comodidad entre usar la versión de mujer vs de hombre.

Otro estudio reciente, del grupo de Scharl (2024), identificó diferencias biomecánicas entre corredores recreativos hombres y mujeres: por ejemplo, rango de movimiento (caderas, rodillas), patrones de zancada, etc., algunos dependientes del tipo de zapatilla y velocidad. Pero estos estudios no siempre muestran que las zapatillas “femeninas” solucionen esas diferencias.

Percepción subjetiva y preferencias

En encuestas a corredores, se ha encontrado que mujeres le dan más importancia que los hombres a ciertas características del calzado como la comodidad, la amortiguación en el antepié, la transpirabilidad, el ajuste superior (“upper elasticity”), etc.

Rendimiento, riesgo de lesión y economía de carrera

Existe evidencia de que mujeres tienen mayor ángulo de cadera (más aducción, más rotación interna), mayor desalineación (en algunos casos), lo que podría aumentar riesgo de ciertas lesiones (rodilla, cadera).

Pero hasta ahora los estudios que han probado calzado “específico por sexo” no han demostrado consistentemente que estos calzados reduzcan esas diferencias biomecánicas de forma significativa o reduzcan riesgo de lesión más que un buen calzado bien ajustado. El estudio de Rasmussen que mencioné encontró que la versión femenina no trajo mejoras biomecánicas claras respecto al modelo masculino del mismo fabricante.

Beneficios potenciales (si los hay) de tener zapatillas diferenciadas por sexo

Si la ciencia confirmase que ciertas características son útiles, los beneficios podrían ser:

Mejor ajuste del talón / mediopié para quienes tienen talón más estrecho, evitando deslizamientos, rozaduras, mejorando estabilidad.

Mayor comodidad, lo cual puede afectar la constancia en el entrenamiento, evitar molestias que con el tiempo provoquen abandono o lesión.

Posible reducción de ciertas cargas articulares si la zapatilla acomoda diferencias anatómicas en alineación de cadera/rodilla/pie.

Mejora estética o de preferencia, que aunque no sea biomecánica, puede influir en satisfacción, adherencia, uso correcto del calzado.

Limitaciones, evidencias en contra, y matices importantes

Diseño vs efecto real: muchas diferencias de diseño entre modelos masculinos/femeninos son pequeñas, y no necesariamente traducen en cambios medibles de biomecánica, economía de carrera o prevención de lesiones. El simple hecho de que una zapatilla tenga el “upper más estrecho” o “talón más ajustado” no garantiza mejora biomecánica si otras variables (drop, rigidez media, amortiguación) no se ajustan.

Variedad individual mayor que “sexo promedio”: dentro del grupo de mujeres hay gran variabilidad (forma del pie, marcha, fuerza, cadera), y lo mismo para hombres. En muchos casos, la zapatilla adecuada para una mujer puede ser una que no esté “femenina”, sino que se adapte bien a su morfología particular.

Coste, disponibilidad y marketing: muchas zapatillas “específicas de mujer” pueden costar más o estar menos disponibles, y en algunos casos lo “femenino” es solo una variante de color o ancho, sin cambios estructurales significativos.

Evidencia insuficiente sobre efecto en lesiones o en economía de carrera: los estudios que comparan realmente calzados diferenciados por sexo son pocos, con muestras pequeñas, generalmente sedentarios o recreativos, y muchas variables sin control. No hay meta-análisis (o pocos) que demuestren con claridad que usar zapatillas diferentes basadas en el sexo reduce sustancialmente lesiones o mejora rendimiento para todos los casos.

Posible efecto placebo o percepción subjetiva: la comodidad y la sensación pueden jugar un papel muy importante; aunque no haya cambios biomecánicos grandes, la percepción de ajuste puede hacer que uno corra con más confianza o menos tensión, lo que puede indirectamente influir.

Recomendaciones prácticas basadas en lo que se sabe hasta ahora

Para corredores amateur que se preguntan si deben usar modelos “femeninos” o “unisex”:

  1. Prioriza ajuste al pie individual: lo que importa más que el sexo declarado del calzado es cómo calza tu pie: si el talón se ajusta bien, si no hay deslizamientos, si la anchura del antepié y mediopié están bien, si la suela, la amortiguación y el drop se sienten bien.
  2. Prueba sentido subjetivo de comodidad: si una zapatilla “de mujer” te resulta más cómoda, úsala; si una “de hombre” te sienta mejor, no hay razón de descartarla solo porque no tenga etiqueta femenina.
  3. Considera tus características biomecánicas: si sabes que tienes tendencia al valgo de rodilla, alta rotación de cadera, pies particularmente delgados o de arco alto o plano, busca zapatillas que apoyen esos aspectos: estabilidad si lo necesitas, buena sujeción, modelos con tiras de upper más ajustadas, etc.
  4. No confiar solo en “sexo vs género”: muchos modelos unisex pueden servir bien; lo importante es que los tamaños y volúmenes sean los adecuados, que no quede flojo ni demasiado apretado.
  5. Rotar zapatillas y entrenar variación: incluso si escoges un zapato especializado, es bueno variar la intensidad, la superficie, las zapatillas para evitar adaptaciones mecánicas repetitivas.

Resumiendo, que es gerundio

  • Sí, hay diferencias anatómicas y biomecánicas entre hombres y mujeres que podrían justificar cierto grado de diferenciación en la zapatilla. Pero la evidencia hasta ahora no muestra consistentemente que los modelos “femeninos” ofrezcan mejoras biomecánicas, de rendimiento o reducción de lesiones sobre los modelos masculinos/unisex equivalentes, al menos para corredores recreativos.
  • Por lo tanto, tiene más sentido pensar en zapatillas individualizadas más que “sexo vs género”. Lo crítico es el ajuste del pie, la comodidad, la biomecánica personal, la superficie sobre la que corres, tu estilo de zancada y tus necesidades de entrenamiento.
  • Si una marca ofrece una versión femenina que se adapta mejor a tu forma de pie y te resulta cómoda, puede ser una buena opción, pero no es obligatorio para todos los casos.

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