Eliud Kipchoge y «todo está en la mente»: qué dice la ciencia sobre el papel de la psicología en el running

He oído en multitud de entrevistas a Eliud Kipchoge decir que «todo está en la mente». Obviamente, por mucho que nos concentremos en serlo ninguno de nosotros vamos a ser como el GOAT, pero ¿qué hay de cierto en estas palabras en relación al running?

La frase suena a mantra. A consigna motivacional. Pero la pregunta importante no es si la mente puede convertirte en Kipchoge, sino hasta qué punto la preparación psicológica modifica realmente la respuesta del cuerpo, el rendimiento y la capacidad de sostener el esfuerzo cuando corremos. Y aquí la ciencia tiene bastante más que decir de lo que solemos creer.

Eliud Kipchoge, el más grande corredor de todos los tiempos. Créditos: olympics.com

Eliud Kipchoge: por qué importa lo que dice

Cuando Eliud KipchogePremio Princesa de Asturias 2023— afirma que «todo está en la mente», no lo hace desde la teoría ni desde la motivación vacía. Lo hace desde una trayectoria deportiva sin precedentes en el atletismo moderno. Kipchoge es doble campeón olímpico de maratón (Río 2016 y Tokio 2020), el único atleta en la historia en bajar de 2 horas en la distancia mítica —aunque fuera en un contexto controlado— y uno de los corredores más dominantes jamás vistos en el maratón tradicional.

En competición oficial, Kipchoge ha ganado 11 de los 15 maratones que ha disputado al máximo nivel, incluyendo múltiples victorias en Londres, Berlín y Chicago, los escenarios más exigentes del circuito internacional. En Berlín estableció el récord del mundo de maratón en 2018 y volvió a batirlo en 2022, dejando la marca en 2:01:09, un tiempo que redefinió los límites conocidos de la resistencia humana.

Más allá de los números, su regularidad es lo que impresiona: durante más de una década ha corrido maratones a ritmos que para la mayoría de atletas de élite solo son sostenibles durante unos pocos kilómetros. Esa consistencia, unida a su manera de entrenar y competir, es lo que da peso real a sus palabras cuando habla de mente, control y preparación psicológica.

Por eso, cuando Kipchoge habla del papel de la mente, no está negando la fisiología. Está describiendo cómo se accede a ella.

La mente no sustituye al cuerpo, pero lo modula

Ningún estudio serio sostiene que la mente pueda reemplazar al entrenamiento físico, la genética o la adaptación fisiológica. Pero sí existe un consenso sólido en psicología del deporte y fisiología del ejercicio: la mente actúa como un modulador del rendimiento, influyendo en cómo el cuerpo utiliza sus recursos, cómo interpreta la fatiga y cómo responde al estrés del esfuerzo.

En términos simples, dos corredores con una preparación física similar pueden rendir de forma muy distinta en función de su estado psicológico, su expectativa, su percepción del esfuerzo y su capacidad para gestionar sensaciones desagradables.

El cerebro como regulador del esfuerzo

Uno de los marcos teóricos más influyentes es el llamado modelo del gobernador central, propuesto por Tim Noakes. Según esta perspectiva, el cerebro regula de forma anticipatoria el esfuerzo físico para evitar daños fisiológicos graves. La fatiga no sería solo un fallo periférico del músculo, sino una señal protectora generada por el sistema nervioso central.

Esto tiene una consecuencia directa: la percepción del esfuerzo es tan determinante como el estado real del músculo o del sistema cardiovascular. Cuando una persona está psicológicamente mejor preparada, interpreta esas señales de fatiga como manejables, no como amenazas, y puede sostener intensidades más altas durante más tiempo.

Créditos: www.fpa.es

Percepción del esfuerzo y rendimiento

La escala de esfuerzo percibido (Rating of Perceived Exertion, RPE) es uno de los predictores más fiables del rendimiento en deportes de resistencia. Estudios recientes muestran que intervenciones psicológicas —como el entrenamiento atencional, la reestructuración cognitiva o la visualización— pueden reducir el RPE para una misma carga fisiológica.

Dicho de otra manera: el cuerpo no está trabajando menos, pero el cerebro lo vive como más tolerable. Esto se traduce en mejoras reales de rendimiento, especialmente en pruebas largas donde la gestión del malestar es clave.

Atención, foco y economía de carrera

La forma en que dirigimos la atención mientras corremos también tiene efectos medibles. Un foco atencional externo (ritmo, entorno, técnica global) suele asociarse a una mejor economía de carrera que un foco excesivamente interno (sensaciones musculares, dolor localizado).

La literatura sugiere que los corredores entrenados psicológicamente son capaces de alternar focos de atención de manera flexible, evitando la rumiación negativa y reduciendo el impacto emocional del cansancio. Esto no elimina la fatiga, pero reduce su carga cognitiva, algo fundamental en distancias largas o en trail.

Estrés, ansiedad y respuesta fisiológica

El estrés psicológico previo a una competición modifica la respuesta fisiológica al ejercicio. Altos niveles de ansiedad se asocian con mayor activación simpática, aumento del cortisol, peor eficiencia metabólica y una percepción de esfuerzo más alta desde fases tempranas del ejercicio.

Por el contrario, corredores con buena preparación psicológica muestran perfiles hormonales más estables, menor respuesta inflamatoria post-esfuerzo y una recuperación más rápida. Esto no es una cuestión de «pensar en positivo», sino de regular el sistema nervioso.

Confianza, expectativa y efecto placebo

La expectativa de rendimiento tiene efectos reales. El llamado efecto placebo en deporte no es un engaño: es una demostración de cómo las creencias influyen en la activación de circuitos neuronales relacionados con el dolor, la motivación y la tolerancia al esfuerzo.

Cuando un corredor cree que está preparado, el cerebro libera menos señales inhibitorias, permitiendo un mayor acceso a la capacidad fisiológica disponible. No se crea energía nueva, pero se desbloquea parte de la que ya existe.

Miedo, dolor y evitación

Uno de los grandes frenos en el running —especialmente tras lesiones o malas experiencias— es el miedo anticipatorio. La psicología del deporte ha mostrado que el miedo al dolor o al fracaso puede activar respuestas de evitación que limitan el rendimiento incluso antes de que aparezca la fatiga real.

Trabajar la exposición progresiva, la reinterpretación del dolor y la aceptación del malestar permite reducir estas respuestas defensivas. El cuerpo no se vuelve invulnerable, pero deja de sobrerreaccionar ante señales que no son peligrosas.

Entonces ¿Kipchoge tiene razón?

En parte, sí. No porque «todo» esté en la mente, sino porque la mente decide cuánto de tu cuerpo estás dispuesto —y eres capaz— de usar. En atletas de élite, donde las diferencias físicas son mínimas, la psicología marca la diferencia. En corredores amateurs, donde la variabilidad es mayor, su impacto puede ser incluso más visible.

Trabajar la mente no te hará correr como Kipchoge. Pero puede ayudarte a correr mejor de lo que corres ahora, a gestionar el miedo, a sostener el esfuerzo y a relacionarte de otra forma con la fatiga.

Desde una mirada Salvaje, esto no va de autoayuda barata. Va de entender que el cuerpo no funciona aislado. Va de entrenar también lo que no se ve, porque es ahí donde muchas veces se decide si sigues… o paras.

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Bibliografía

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