Durante décadas, corredores, entrenadores y deportistas de resistencia señalaron al mismo culpable. Cuando las piernas ardían en una subida, cuando el ritmo empezaba a caer o cuando el cuerpo parecía quedarse sin respuesta, la explicación era siempre la misma: el lactato. Aquella sustancia era presentada como un residuo tóxico, un producto de desecho que se acumulaba en los músculos y provocaba fatiga. Parecía una verdad incuestionable. Sin embargo, la ciencia lleva años desmontando esa idea, del mismo modo que ya hizo con la cafeína y el rendimiento deportivo. Y lo que ha descubierto no es un simple matiz fisiológico. Es un cambio radical en nuestra forma de entender el esfuerzo.

El error que sobrevivió durante generaciones
Pocas ideas han tenido tanto éxito en la cultura deportiva como la del lactato como enemigo. Se enseñaba en libros, aparecía en cursos de entrenamiento y se repetía en conversaciones de corredores. Cuando alguien decía que tenía las piernas cargadas de ácido láctico, nadie lo cuestionaba. Formaba parte del lenguaje habitual del deporte.
El problema es que la realidad era bastante más compleja.
A medida que la fisiología del ejercicio avanzó y aparecieron técnicas más sofisticadas para estudiar lo que ocurría dentro del organismo durante el esfuerzo, los investigadores comenzaron a observar algo extraño. El lactato aparecía continuamente, incluso cuando el ejercicio se desarrollaba en condiciones perfectamente aeróbicas. No era una molécula asociada exclusivamente a situaciones extremas. Estaba presente durante buena parte del tiempo.
Aquello obligó a replantear muchas certezas.
Cuando el supuesto villano se convirtió en aliado
Uno de los investigadores que más contribuyó a este cambio fue George Brooks, fisiólogo de la Universidad de California en Berkeley. Su trabajo permitió comprender que el lactato no era simplemente un residuo que el cuerpo debía eliminar. En realidad, era una molécula extraordinariamente útil.
Hoy sabemos que el lactato forma parte de un sistema de intercambio energético que conecta músculos, corazón, hígado e incluso cerebro. Cuando determinadas fibras musculares producen lactato durante el ejercicio, otras pueden utilizarlo como combustible. El corazón lo aprovecha con enorme eficiencia. El hígado puede transformarlo nuevamente en glucosa. Incluso el cerebro puede obtener energía a partir de él.
La imagen cambia por completo.
Lo que durante años consideramos basura metabólica resulta ser una moneda energética que circula constantemente por el organismo.
Lo que ocurre realmente en una subida de trail
Imagina una ascensión larga en una carrera de montaña. La pendiente aumenta, el ritmo cardíaco se dispara y la respiración se vuelve más intensa. Durante mucho tiempo se habría dicho que el lactato comenzaba a acumularse porque el cuerpo estaba entrando en una situación problemática.
La interpretación actual es muy diferente.
Lo que está ocurriendo es que la demanda energética aumenta y el organismo acelera todos los mecanismos disponibles para seguir produciendo movimiento. Entre ellos aparece una mayor producción de lactato. Pero producir lactato no significa necesariamente estar cerca del colapso. Significa que el cuerpo está movilizando combustible para mantener el esfuerzo.
La diferencia es enorme, porque el problema no es generar lactato, sino que el problema aparece cuando la capacidad para utilizarlo deja de seguir el ritmo de producción.
Por qué los corredores entrenados parecen desafiar las leyes de la fatiga
Todos hemos vivido esa situación. Sales a entrenar con alguien más experimentado y descubres que puede mantener ritmos que para ti resultan incómodos durante mucho más tiempo. Durante años se pensó que la diferencia estaba en que producía menos lactato.
Hoy sabemos que no es tan sencillo.
Una de las adaptaciones más importantes del entrenamiento de resistencia consiste precisamente en mejorar la capacidad de utilizar ese lactato como fuente energética. Las mitocondrias aumentan, la maquinaria oxidativa se vuelve más eficiente y el organismo aprende a reciclar mejor el combustible que genera durante el esfuerzo.
Por eso un corredor entrenado puede sostener intensidades elevadas durante más tiempo. No porque su cuerpo produzca menos lactato, sino porque ha aprendido a gestionarlo mejor.
Es una diferencia sutil sobre el papel, pero enorme sobre el terreno.
El umbral sigue siendo importante
Todo esto no significa que el lactato haya dejado de ser útil para entrenar. De hecho, sigue siendo una de las herramientas más valiosas para comprender el rendimiento en deportes de resistencia.
Los famosos umbrales de lactato continúan utilizándose para estimar intensidades sostenibles, diseñar zonas de entrenamiento y planificar competiciones. La diferencia es que ahora entendemos esos umbrales de otra manera.
Ya no representan simplemente el momento en el que un supuesto residuo empieza a acumularse.
Representan el punto en el que el equilibrio entre producción y utilización comienza a cambiar.
Es un matiz técnico, pero refleja perfectamente la evolución del conocimiento científico durante las últimas décadas.
La verdadera lección del lactato
Quizá lo más interesante de esta historia no sea el lactato en sí.
Lo más interesante es lo que nos enseña sobre la ciencia.
Durante años se aceptó una explicación aparentemente lógica. Después llegaron mejores estudios, mejores herramientas y nuevas preguntas. Y el relato cambió. Lo que parecía un enemigo terminó revelándose como una pieza fundamental del rendimiento humano.
En cierto modo, ocurre algo parecido en la montaña. Hay subidas que parecen imposibles cuando las observamos desde abajo. Hay terrenos que intimidan antes de recorrerlos. Hay sensaciones que interpretamos como señales de debilidad cuando en realidad forman parte del proceso de adaptación.
El lactato es uno de esos ejemplos. Lo culpamos durante décadas de provocar la fatiga. Ahora sabemos que estaba ayudándonos a seguir avanzando. Y quizá esa sea la enseñanza más valiosa para quienes corremos.
A veces el problema no está en el esfuerzo. A veces el problema está en no comprender lo que ocurre dentro de él.
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Referencias
Brooks, G. A. (2018). The Science and Translation of Lactate Shuttle Theory. Cell Metabolism, 27(4), 757–785.
Mandadzhiev, N., et al. (2025). The contemporary role of lactate in exercise physiology and exercise prescription. Folia Medica, 67(1).
Wang, Z., et al. (2025). New insights into lactate in exercise adaptations. American Journal of Physiology-Endocrinology and Metabolism.
Benítez-Muñoz, J. A., et al. (2025). Factors Influencing Blood Lactate Concentration During Exercise. Sports Medicine.
Doctor en Microbiología, Fisiología y Genética. Profesor universitario. Corredor de montaña aficionado.
