Cuando la cima no es la meta

Lluvi, fiel compañera salvaje.

No era una simple ruta hacia una cima. Era caminar hacia un atardecer que parecía África, aunque el frío nos recordaba dónde estábamos. Aún quedaba nieve vieja y una fina capa de hielo que dificultaba cada paso hacia la cumbre. La vegetación apenas dejaba margen: la sabina rastrera cubría el terreno, escondía la senda y obligaba a avanzar con esfuerzo.

El atardecer caía deprisa y la visibilidad disminuía. Tocaba apurar, adaptarme y llegar lo más lejos posible antes de quedarnos sin luz. Y lo conseguimos: alcanzamos la cima ya en la oscuridad. Durante la subida dejamos atrás antiguas trincheras que daban paso a una cresta perfecta, la que finalmente nos condujo hasta la cima de la Cruceta.

Allí el tiempo parece detenerse. Los sentidos se agudizan, sobre todo el oído: los sonidos lejanos de los animales, el leve susurro del viento… y un cielo solo para Lluvi y para mí. Sin nubes, cubierto de estrellas, con una luna en fase nueva que apenas nos regalaba luz, pero sí la certeza silenciosa de su presencia.

El descenso no fue sencillo. La nieve y las sabinas rastreras volvieron a exigir atención mientras buscábamos la pista para regresar. El temporal había dejado árboles caídos en el camino. Y Lluvi, a la que siempre le sabe a poco, aprovechaba cada encuentro con corzos y ciervos para correr junto a ellos; tan noble y obediente que, al escuchar su nombre, regresaba a su rebaño —a mí—.

Quizá para algunos sean locuras si no se analizan. Pero sabíamos dónde íbamos, sin asumir riesgos innecesarios, aunque sí enfrentándonos a la exigencia del terreno. No es una cima importante por su altura, sino por el contexto en el que la encontramos: roca caliza, nieve, hielo y sabinas rastreras.

Siempre celebramos la cima en el mismo lugar donde empieza y termina todo: junto a la furgo. La tocamos, respiramos hondo y valoramos los retos superados. En escenarios difíciles que, precisamente por eso, nos regalan el encanto irrepetible de un momento único.

2 comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *