Canfranc y el Mundial : cuando la montaña te pone en tu sitio

La magia de Canfranc ya es suficiente. Pero si la juntas con un Mundial, lo que sale no es una carrera. Es un examen.
Y esta es la crónica de lo que allí viví.

Créditos de las fotos: Isra Fernández Rivero

Paisajes espectaculares. Zonas volcánicas. Valles abiertos que parecen suaves hasta que te metes dentro. Crestas que cortan el cielo. El recorrido largo era un espectáculo. El corto, también. No había concesiones.

Desde la salida ya te lo dejaban claro. Una subida exigente, brutal, de esas que no permiten engañarte. Se podía correr quizá el 85% o el 90% si eres de los que están hechos para esto. Si no, caminas rápido y sobrevives. Y ahí empieza el juego psicológico: tú subes fuerte y te parece que vas bien… hasta que comparas tus tiempos con los de ellos. Y entonces entiendes que no estás jugando al mismo deporte.

Porque verlos en directo cambia todo.

Ver cómo corren Sara Alonso, Manu Merillas o Jim Walmsley. Ver cómo corre Francesco Puppi. No es solo que sean rápidos. Es que cada uno tiene su identidad corriendo. Su manera de pisar, de caer, de flotar. Walmsley parece que va por encima del terreno. Puppi tiene esa agresividad controlada en bajada. No sé si es eso lo que los hace tan buenos, pero cuando los ves en vivo entiendes que no es casualidad.

Sara Alonso.
Manu Merillas.

En la Long Trail, Walmsley volvió a demostrar por qué es referencia mundial. Ritmo constante, gestión quirúrgica, una elegancia que no se rompe ni cuando la montaña aprieta. Estados Unidos domina la larga distancia. No es discurso: es realidad competitiva.

Y luego está el material. Poder verlo de cerca es otra historia. Bastones ultraligeros, mochilas minimalistas, estrategia de alimentación perfectamente medida. Walmsley utilizaba un prototipo de HOKA Tecton 4 con doble placa de carbono. Nada improvisado. Todo probado.

Pero lo que más impacta no es la zapatilla.

Es lo finos que están.

Son atletas puros. Ligerísimos. Secos. Trabajados. No hay un gramo de más. Se nota el equipo detrás, el soporte en los puntos clave, la concentración absoluta. No miran al público. No miran el paisaje. Van dentro de su propio túnel.

Y luego llega la sorpresa.

Tove Alexandersson.

Muchos no la tenían en el radar del trail puro, pero la sueca —procedente de la orientación y el esquí de montaña— ganó la Short Trail con una autoridad que dejó a más de uno en silencio. Se metió en el top 10 absoluto. Corría como si no respirara. Como si no tocara el suelo. Una mujer anfibia en terreno alpino.

Eso fue una declaración.

Sara Alonso, siempre tan peculiar, tan cercana, preguntando posiciones en carrera, comentando cosas incluso en medio del sufrimiento. Esa mezcla de competitividad y naturalidad que la hace diferente. Y Manu Merillas… qué decir. Más fino que nunca. Más atleta. Más concentrado. Leyendo el terreno constantemente. Subiendo, bajando, midiendo cada paso. Se le veía transformado físicamente. Más estilizado. Más preciso.

Sara Alonso.

En la 45K con sus aproximadamente 3500 metros de desnivel quedó claro que aquello era para corredores de montaña puros. No para híbridos. No para asfalteros reconvertidos. Frédéric Tranchand estuvo sólido y se llevó la victoria en la prueba masculina, con Merillas apretando hasta el final. Andreu Blanes completando el podio español. Francia y España demostrando que en media distancia son estructuras muy consolidadas.

Y ahí empezó otra reflexión.

El contraste por países.

En atletismo en pista, los africanos dominan 10K, medias, maratones. Pero en la montaña todavía no están ahí. En Canfranc se notaba. Apenas presencia en las pruebas largas y medias. Quizá alguna representación en sprint. Pero no dominaban. No estaban peleando podios.

En cambio, franceses por todas partes. De muchísimo nivel. Americanos fuertes en larga. Españoles competitivos. Italia presente.

Y luego la otra cara del Mundial.

Pasaban cuatro, cinco horas en la Long Trail y seguías viendo corredores de Malasia, de Brasil, de China, de países que no asociamos con el trail de élite. Algunos parecían estar allí simplemente para sobrevivir la experiencia. Para cubrir expediente como selección. Y eso también forma parte del Mundial.

Francesco Puppi.

Veías la diferencia brutal entre los profesionales absolutos y los que estaban allí para terminar. Entre el que tiene estructura detrás y el que va casi solo contra el entorno. El trail todavía es joven. Todavía poco profesionalizado en muchos países. Y eso se nota.

Pero eso no le quita grandeza.

Al contrario.

Porque cuando ves a Walmsley volar sobre las crestas y, horas después, ves a un corredor malayo luchando por terminar, entiendes que el Mundial es más que podios. Es un espejo del estado actual del deporte.

Estados Unidos domina la larga.
Francia es potencia estructural en media y larga.
España consolida presencia de alto nivel.
Italia siempre está.
África todavía no ha trasladado su hegemonía atlética a la montaña.

Seguramente llegará. Pero aún no.

Y más allá de todo eso, queda lo esencial.

Poder animarlos. Verlos de cerca. Compartir una palabra. Que Sara Alonso pregunte en qué posición va. Sentir que, aunque sea por unos segundos, estás dentro del mismo escenario.

Canfranc no fue solo un Mundial.

Fue una demostración de lo que es hoy el trail de élite: técnica, ligereza, precisión, estrategia y un contraste brutal entre el profesional absoluto y el superviviente internacional.

Y el entorno… el entorno fue una barbaridad.

Organización de 10.
Recorridos sin concesiones.
Montaña real.

Una auténtica salvajada.

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